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    The Machinery of Freedom por David Friedman

    ancapism.marevalo.net / El Ancapista Pragmatico · Sunday, 3 June, 2018 - 08:00 · 1 minute

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La primera reseña de este blog no podría ser otra que este manual de campo de anarcocapitalismo contemporáneo. Lectura obligada para esta época de crisis del estado paternalista, mostrando soluciones plausibles mediante el mercado y la libertad a todos los servicios monopolizados ahora por el estado. Muy amena y sincera, se aleja de la pontificación y señala directamente sus propios puntos débiles a los que responde con sinceridad, humanismo y pragmatismo. Particularmente me resultó muy educativa para puntos que no tenía demasiado claros como la inexistencia del monopolio natural y la imposibilidad de una utopía futura de trabajo voluntario post-escasez; además de la ironía de que, después de toda una vida en colegios católicos, tuve que descubrir a G. K. Chestertonde boca de un ateo. En definitiva, altamente recomendable.

Es la segunda edición (de distribución libre actualmente) y la primera edición de un ePub que hice. Tomo como base dos ediciones disponibles en la (muy recomentable) web del autor (un PDF y un PRC ) y corregí muchas erratas además de quitar todo el terrible formato que genera Calibre en la conversión, añadí un índice y una página de notas enlazadas. Creo que quedó bien pero sigo adminiendo correcciones y sugerencias.


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    Cataluña, Tabarnia y libertad

    ancapism.marevalo.net / El Ancapista Pragmatico · Tuesday, 22 May, 2018 - 20:52 · 3 minutes

Dado el gran impacto mediático de los acontecimientos políticos que se suceden en Cataluña (referéndum ilegal, declaración de independencia, aplicación del artículo 155 de la Constitución Española, nuevas elecciones autonómicas, etc.) es casi imposible abstraerse de los hechos, incluso para un anarcocapitalista. Pues a pesar de ser una discusión política entre dos estados (o entre una mafia establecida y otra que lucha por ocupar su lugar) es un debate muy atrayente para los liberales.

Pero aunque sea una discusión interesante no es una donde los liberales (y especialmente los anarcocapitalistas) podamos entrar a apoyar una de las partes con opción de obtener resultados positivos. Aquí se aplica el mismo problema que con la participación en elecciones democráticas. Por un lado la complejidad de la elección es gigantesca, uno tiene la tendencia a pensar que un estado más pequeño tendrá menos capacidad de restringir libertades, pero un estado uninacional será más invasivo y también habría que tener en cuenta la historia de destrucción de las libertades de ambos estados (y su siempre discutible pasado, presente y futuro). Por otro lado nuestra capacidad de influir en la decisión es mínima, como en cualquier elección democrática. Luego la rentabilidad de entrar en esa discusión es despreciable.

Sin embargo algo de lo que podemos obtener un verdadero beneficio es de utilizar esta situación como un caso pedagógico de lo intrínsecamente inmoral que es el estado en cualquier tamaño y con cualquier frontera.

Por un lado los nacionalistas han denunciado la violencia del estado central al actuar contra una rebelión. Lo cual no es una sorpresa, pues la violencia es la base del estado; ya sea la violencia usada para evitar que la ciudadanía se oponga al estado central como la usada para prohibir el uso de un idioma que no es del gusto del incipiente estado en ciernes. Ambas necesarias para afianzar el presente de un estado aplastando cualquier oposición, pacífica o no.

Pero por el otro lado los centralistas han hablado del uso de la educación y el control de los medios de comunicación (directa o indirectamente) para el adoctrinamiento y manipulación de la ciudadanía. Algo también difícilmente sorprendente, pues es la base del mantenimiento del estado en el futuro y, por lo tanto, también realizada con fruición por el estado central. Si bien el resultado de la adoctrinamiento del gobierno central no es la proliferación de nacionalistas sino de nuevos socialistas; independientemente de si el gobierno es un estatista de derechas o de izquierdas.

Como beneficio tangencial pedagógico también será interesante a futuro ver cómo el adoctrinamiento generará un cambio en el equilibrio de la violencia estatal hacia el naciente estado periférico, un estado que nacerá indefectiblemente en su momento merced a la violencia.

Mención aparte merece el fenómeno Tabarnia, otra gran oportunidad pedagógica para los anarcocapitalistas ya que resulta una demostración por reducción al absurdo, no sólo del nacionalismo, sino también del estatismo en sí. Pese a ser una supuesta defensa del estado central realmente lo que hace es demostrar la inmoralidad intrínseca de cualquier estado, donde una minoría va a imponer su opinión mediante la fuerza al resto de la población que no la comparte. No es raro por eso que no solo haya sido atacado por los nacionalistas sino también por los centralistas como un chiste peligroso.

Por lo tanto la postura más lógica para los liberales (y anarcocapitalistas en particular) no es entrar en debates estériles sino aprovechar las discusiones entre centralistas y nacionalistas para mostrar las inherentes fallas morales del estatismo.
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    La gestión privada de servicios públicos

    ancapism.marevalo.net / El Ancapista Pragmatico · Wednesday, 4 November, 2015 - 08:18 · 9 minutes

Los liberales en general, y los anarcocapitalistas en particular, tenemos una imagen bastante clara de la sociedad que queremos y en esa sociedad todos los bienes y servicios se producen e intercambian de una manera libre y voluntaria; pero también es posible la prestación de servicios libre y voluntaria dentro de un estado como los actuales con pequeñas limitaciones. Por lo tanto tendemos a pensar que una buena manera de ir eliminando al estado de aquellos sectores que monopoliza es trasladando la gestión en un primer paso (y más tarde la propiedad) de esos servicios públicos a la sociedad privada.

Sin embargo ha de quedar claro que esta acción no siempre produce una mejoría en ese servicio por la sencilla razón de que la mayoría de las veces no se aumenta la libertad de las personas y ese ha de ser el baremo que debemos utilizar para evaluar cualquier mejora hacia una sociedad libre.

Los problemas de la gestión privada de servicios públicos

Es solo en ese momento de analizar el aumento o no de la libertad de las personas involucradas en un sector cuando encontramos la raiz del problema. Así, si simplemente procedemos a la privatización de la gestión, o incluso de la propiedad, de un servicio público pero mantenemos su característica de público vemos que no estamos aumentando la libertad de nadie. Por un lado el ciudadano-usuario no aumenta su libertad ya que sigue atado a un único proveedor, a un precio único y obligatorio que además sigue oculto.

Los trabajadores siguen atados al único empleador gestor del servicio, con un monopolio legal de la oferta de trabajo del sector.

El gestor privado también se ve atado al personal y recursos que se han utilizado para prestar el servicio público hasta ese momento, ya que normalmente está obligado a una subrogación de los mismos como condición de los pliegos del concurso de privatización.

Y el político solo ha subcontratado la gestión sin que esta pueda alterar substancialmente los parámetros de la prestación de bienes o servicios. Ha cambiado a un personal público de confianza por un contrato a una empresa privada, pero realmente la situación es equivalente puesto que no se puede esencialmente modificar el servicio ya que esta está ligado al personal y recursos actuales y al tipo de prestación que ha salido a concurso.

Vemos por lo tanto que el problema fundamental no es que hablemos de una "gestión privada" sino de que seguimos hablando de "servicios públicos". La ineficiencia inherente y la falta de incentivos propios de los mismos van a contaminar cualquier intento de recubrirlos con una capa de "gestión privada".

El objetivo real de la privatización

Es cierto que, para un liberal, cualquier privatización real debería incluir la privatización no solo de la gestión sino también de la propiedad de los medios de producción del bien o servicio, puesto que sin esa propiedad es imposible realizar la mayoría de las mejoras necesarias para adaptarse al cambio permanente de las necesidades de los clientes.

Para ser real, esa privatización debe ir en paralelo de la creación de un verdadero mercado para ese servicio; o más bien, la eliminación de la prohibiciones al mercado que existían durante la fase de servicio público. Y, por supuesto, esa privatización debería terminar con la extinción del servicio público per se; es decir finalizar cualquier involucración del estado en el sector en cuestión.

En contra de la práctica actual, tampoco es necesario en esa privatización modelar un mercado que fuera próximo a lo que entenderíamos como perfecto partiendo el servicio público actual, por ejemplo dividiéndolo en múltiples empresas ni protegiendo el sector de la inversión externa ya que, al igual que nos es imposible producir un servicio público eficiente nos es imposible "diseñar" un mercado eficiente.

Sabemos que es importante llegar a ese punto, pero también sabemos que en una sociedad profundamente colectivizada como la actual es una quimera plantear una privatización profunta y rápida como la que se pudo hacer en los casos más sangrantes como correos, las telecomunicaciones, prensa escrita o los bienes de consumo masivo.

Es por eso por lo que hay que orientar al político liberalizador en qué acciones aumentan realmente la libertad de los ciudadanos y cómo realizarlas.

Guía práctica de privatización

En cualquier caso el anarcocapitalista pragmático debe siempre plantear unos pasos reales para que las privatizaciones se hagan aumentando realmente la libertad de las personas y garantizando, por lo tanto, una situación de sociedad más libre tras el proceso de privatización.

Uno de los medios más claros para la creación de espacios de libertad es la división del servicio en las unidades más pequeñas que sea posible. Así un servicio de basuras nunca se contratará para la ciudad completa sino para la parte más pequeña que sea posible gestionar, como un distrito o barrio. Veremos que en casos como este se puede llegar a unidades más pequeñas promoviendo una división vertical de cada servicio.

Una necesidad fundamental para una privatización efectiva de un servicio público es la no perennización de la relación laboral mediante la subrogación de los contratos. Está claro que pese a ser fundamental es uno de los objetivos más dificiles de obtener; sin embargo una subrogación permantente de los contratos y un grupo estable de trabajadores ligados al servicio van a permitir siempre volver a colectivizarlo de una manera rápida por muy costosa que sea. El objetivo será por lo tanto mantener a los trabajadores actuales del servicio público separados del nuevo mercado libre mediante el mantenimiento de una empresa pública de contratación cero y con disminución permanente del personal que se encargue progresivamente de una parte cada vez menor del servicio, ya sea especializada o para un colectivo particular. Por ejemplo reconvirtiendo al personal en inspectores, dar ese servicio sólo a los clientes públicos o a otra actividad de la que se tenga clara su extinción.

Otro componente importante es que el ciudadano pueda elegir personalmente, o en colectivos parciales, cualquiera de los proveedores de esas unidades de servicio más pequeñas. Así una comunidad de vecinos podría cambiar de servicio de recogida de basura a otra de un barrio cercano siempre que haya empresas dispuestas a dárselo.

Un mecanismo sencillo para obtener unidades de servicio pequeñas y una relación de los empleados sana con el mercado es hacer contratos de pequeña duración, tendiendo a no ser más largos que un año. De esa manera se garantiza un mayor dinamismo del mercado laboral de una empresa a otra y la posibilidad de que las propias empresas realicen una mayor división vertical interna (por ejemplo a camiones de basura autónomos de la misma manera que se realiza en el transporte por carretera o médicos independientes de atención primaria trabajando para aseguradoras de la misma manera que se hace ahora con las sociedades privadas).

Para aquellos servicios públicos que tengan un eminente factor geográfico es importante además que la licitación y selección de las empresas proveedoras se realice lo más localmente posible; esto permitirá una mayor causalidad y responsabilidad de los representantes políticos respecto a sus electores. Es tan irracional pensar que un único contrato a nivel global va a ser más efectivo que muchos locales como pensar que un monopolio estatal va a dar mejor servicio que un mercado.

En estos casos también hay que dar libertad al nivel y tipo de servicio que se ha de dar en cada unidad de servicio, no todos los sectores de población van a valorar lo mismo un tipo de servicio ni van a estar dispuestos a sacrificar el mismo trabajo para obtenerlo; esto permite además buscar nuevas modalidades de servicio más eficiente y adaptadas a los cambios de la ciudadanía.

Hay que evitar en cualquier caso la tentación de "encapsular" una parte no competitiva del sector en una empresa pública en monopolio, ya que esa irrealidad contaminará todo el sector creándolo dependiente de las subvenciones a esa empresa que se transmitirán como precios irreales al resto de empresas. Un ejemplo erróneo claro es la división de los servicios ferroviarios entre el operador de los trenes y el proveedor de la infraestructura subvencionado mediante transferencias públicas, los precios que da el operador de trenes van a estar tan ligados a los falsos precios del proveedor de infraestructura que los gestores de los primeros para mejorar sus beneficios dedicarán más esfuerzos a obtener mejores precios de los segundos presionando a los políticos que a mejorar su propio servicio.

Y, para finalizar, hay que intentar siempre transmitir la información de la valoración del servicio y el coste del mismo mediante la introducción de un sistema de precios lo más real posible; permitiendo al ciudadano, por ejemplo, mejorar la prestación con un suplemento voluntario o aplicando un sistema de cheque publico del servicio.

Mejorías temporales por "gestion privada de servicios públicos"


En cualquier caso no hay que ser completamente crítico con esta opción ya que, aunque a futuro no debieran prestar mejoría, sí que lo permiten de una manera temporal debido a los condicionantes sociales.

Así, en un servicio público, el sesteo de los funcionarios y la incompetencia del gestor se hace privada y aceptada debido a los condicionamientos laborales (ni a los sindicatos ni a los políticos les conviene denigrar el servicio en público) mientras que el beneficio de la empresa concesionaria se hace público e inaceptable (sobre todo a ojos de los sindicatos que han perdido poder de presión y a los políticos que deben dar una imagen de cliente exigente frente a los electores).

Y no solo los sindicatos y políticos se vuelven más exigentes con el servicio una vez está privatizado, sino también una sociedad civil ya ampliamente adiestrada para la colectivización será profundamente crítica con cualquier problema con el servicio o "exceso" del beneficio.

Sin embargo debe quedar claro que estas mejorías son temporales puesto que el mismo factor sociológico que aumenta la exigencia cuando el servicio se presta de manera privada hace que, ante la aparición de cualquier crisis, la tentación de volver a la colectivización sea imparable. Y esta crisis se producirá con mucha probabilidad antes de poder dar el paso hacia una privatización más real por la razón que hemos explicado al principio, ya que realmente no se amplía la libertad no se mejora el servicio. Con lo cual volvemos al punto inicial de realizar una privatización más inteligente con el objetivo de un mercado real mediante una mayor libertad.
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    Socialismo, gobierno limitado, anarquía y biquinis

    ancapism.marevalo.net / El Ancapista Pragmatico · Wednesday, 4 November, 2015 - 08:18 · 3 minutes

Traducción propia del capítulo Socialism, Limited Government, Anarchy, and Bikinis por David Friedman, en la versión disponible originalmente en su web y que pertenece al libro The Machinery of Freedom que ya he reseñado en otra entrada .

La mayoría de los socialismos asumen implícitamente un acuerdo unánime en las metas. Todo el mundo trabaja para la gloria de la nación, el bien común o cualquier otro objetivo, y todo el mundo está de acuerdo, al menos en algún sentido, en lo que esas metas significan. El problema económico, definido tradicionalmente como el problema de asignar recursos limitados a distintos fines, no existe; la economía se reduce al problema "técnico" de cómo usar mejor los recursos disponibles para conseguir ese fin común.

Sin embargo, la organización de una sociedad capitalista asume implícitamente que distintas personas buscan distintos fines y que las instituciones de la sociedad deben permitir esa diferencia.

Esta es una de los argumentos detrás de la pretensión socialista de que el capitalismo fomenta la competición mientras que el socialismo fomenta la cooperación; es una de las razones por las que el socialismo parece, de un modo abstracto, un sistema tan atractivo. Si todos tenemos findes distintos, estaremos, en cierto sentido, en conflicto entre nosotros; cada uno de nosotros desea usar los limitados recursos para sus propios fines. La institución de la propiedad privada permite que exista cooperación dentro de esa competición; comerciamos entre nosotros para que cada uno pueda usar sus recursos del modo que mejor convenga para sus fines, pero el fundamental conflicto de intereses permanece. ¿Significa esto que el socialismo es mejor? No más que el deseo de tiempo soleado obligara a las mujeres a llevar siempre biquini o a prohibir que los hombres lleven paraguas.

Existe una diferencia entre lo que unas instituciones permiten y lo que obligan. Si en una sociedad capitalista todo el mundo estuviera convencido de la bondad de un objetivo común no hay nada en las estructuras de las instituciones capitalistas que les impidera cooperar para conseguirlo. El capitalismo permite el conflicto de intereses; pero no es obligatorio.

El socialismo no lo permite. Esto no significa todo el mundo vaya a coincidir instatáneamente en sus fines si montáramos instituciones socialistas. Este experimento ya se ha probado y la gente no coincidió. Esto significa más bien que una sociedad socialista solo funciona si todo el mundo tiene las mismas metas. Si no es así el sistema de desmoronará o, peor aún, se convertirá, tal como le sucedió a la Unión Soviética, en una monstruosa parodia de los ideales socialistas.

Este experimento se ha hecho varias veces a escala más modesta en los Estado Unidos. Las comunas que han sobrevivido lo han hecho porque empezaron con un objetivo común, ya fuera este aportado por una religión firme o un líder carismático. Las que fracasaron no tenían ese fin común.

He encontrado exáctamente el mismo error entre los liberales que prefieren un gobierno limitado por encima del anarco-capitalismo. Un gobierno limitado, dicen, puede garantizar una justicia uniforme basada en principios objetivos. En el anarco-capitalismo las leyes varían de un lugar a otro y de una persona a otra, de acuerdo con los deseos irracionales y creencias de los distintos clientes de las distintas agencias de protección e intermediación.

Este argumento asume que el gobierno limitado ha sido montado por una población que mayoritaria o unánimemente creen en los mismos principios legales. Pero bajo las condiciones iniciales de dicha población, el anarco-capitalismo producirá exáctamente la misma ley uniforme y justa; no habría mercado para ninguna otra. Del mismo modo que el capitalismo puede acomodarse a la diversidad de los fines personales, el anarco-capitalismo puede acomodarse a una diversidad de opiniones personales sobre la justicia.

Una sociedad objetivista ideal con un gobierno limitado es superior a una sociedad anarco-capitalista en justamente el mismo sentido en el que una sociedad socialista ideal es superior a una sociedad capitalista. El socialismo funciona mejor con gente perfecta de lo que lo hace el capitalismo con gente imperfecta; un gobierno limitado funciona mejor con gente perfecta de lo que lo hace el anarco-capitalismo con gente imperfecta. Tambien es mejor llevar un biquini cuando brilla el sol que un abrigo cuando llueve. Pero no hay razón para no llevar un paraguas.